miércoles, 7 de noviembre de 2012

Como siempre, entramos a clase hablando,  pero el profesor nos manda callarnos, como siempre.
De repente, surge un silencio de la nada, aunque, durante toda la hora, se sigue oyendo un pequeño murmullo que parece interminable.
Aquí es cuando empiezan los pesados ruidos que se extienden por el aula hasta llega a  parecer una ruidosa tormenta.
Pero el profesor vuelve para hacer que nos callemos, y de vuelta el murmullo. Entre unos sonidos y otros se escapa alguna risa y, a veces, hasta tremendas carcajadas contagiosas.
Hay gente que presta atención, otros se esconden entre las abundantes cabezas para que no les vea el profesor y otros encuentran su entretenimiento pasando las interminables hojas del libro para encontrar algún texto, algo que les haga pasar un rato más agradable, y así, acaba la clase con con un ruido, que por muy desagradable que pueda parecer, para algunos es como si estuvieran escuchando la palabra libertad.

Alymich