domingo, 23 de junio de 2013

Mi lectura: El síndrome de Mozart

El autor es Gonzalo Moure Trénor.
  Nació en Valencia, en 1951, aunque ahora vive en Figueras, Asturias.
  Se dedica sobre todo a la literatura juvenil, tratando problemas sociales, conflictos entre padres e hijos, dificultades en la adolescencia...
  Además de escribir, da charlas sobre sus libros en bibliotecas, colegios e institutos. Hace algunos años estuvo en nuestro IES.
Ha obtenido varios premios con sus obras. Con esta que he hecho la reseña, ha ganado el premio Gran Angular de 2003.
 
La novela está editada por SM, en la colección Gran Angular.
Tiene como ilustradora a Hisayoshi Osawa, una fotógrafa japonesa que se ha especializado en el tema del retrato de  personas.
La obra pertenece a la narrativa, porque el autor cuenta o relata las acciones llevadas a cabo por unos personajes, en este caso, en unos capítulos por el mismo que narra los hechos como narrador testigo; y en otros, por un narrador omnisciente.
La obra cuenta con todos los elementos narrativos: narrador, argumento, personajes, espacio y tiempo.
El libro refleja la amistad entre los personajes, la comunicación y el amor entre las personas y hacia la música. También los problemas de la adolescencia y los conflictos entre padres e hijos.
En cuanto al aspecto formal, hay muchos términos que me han llamado la atención, aunque es difícil hacer una selección: términos sobre obras musicales, o relacionados con las labores en el campo.
La idea que he sacado de este libro es que, tengas una enfermedad, seas tonto o listo, siempre vas a tener un punto fuerte, como Tomi, el protagonista.
En cuanto a los personajes, están muy bien pensados, porque cada uno tiene algo especial. Me han parecido muy actuales y posibles, nada alejados de la realidad.
Lo que me gustaría saber es si el escritor ha conocido a un Tomi, si es real o ha sido fruto de su imaginación.
No conocía esta enfermedad, pero me ha parecido un tema muy interesante. Tampoco sabía que Mozart podía haberla padecido.
Lo que más me fastidia es que no haya final, y que el autor te deje con la boca abierta. Aunque que el final no esté claro también es bueno, porque te lo puedes imaginar. Con el final abierto cada uno puede pensar el final que más le guste. -Cualoboch-